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jueves, 2 de julio de 2015

AEGEE y mi verano en Rusia (II)




AEGEE y mi verano en Rusia (II)

            Después de enterarme de mi destino para ese verano, me tocaba preparar el viaje. A través de Facebook pude entrar en contacto con otros compañeros que tenían el mismo destino que yo. En total éramos 13 personas y nuestros países de origen eran España, Italia, Portugal, Grecia, Holanda,  Eslovenia, República Checa, Hungría y Ucrania. Una mezcla interesante. En Vorónezh nos esperaban nuestros organizadores rusos, que nos iban a acompañar durante los 15 días de estancia en la ciudad.




           

         Tuvimos que hacer más papeleos de lo acostumbrado por viajar fuera de la Unión Europea: tuvimos que esperar la invitación que nos llegaba de Rusia y hacer el visado. También me puse en contacto con un compañero que casualmente también era de Zaragoza y con otra compañera de Portugal, que casualmente se llamaba como yo, y cogimos un vuelo de ida y vuelta Madrid-Moscú. Como anécdota, estuvimos a punto de perder nuestro vuelo a Moscú: llegamos corriendo y en el último momento. Ya en Moscú cogimos un vuelo de Polet Airlines, una avioneta muy curiosa para lo que yo estaba acostumbrada: pequeña, con espacio para pocos pasajeros y con hélices. Aunque hacía más ruido por las hélices, el viaje fue bastante cómodo y en una hora llegamos a Vorónezh.




          Al llegar vinieron a recogernos al aeropuerto muy amablemente dos de nuestros organizadores rusos. Ya era casi de noche y nos llevaron al albergue a dejar nuestras cosas y a conocer al resto de nuestros compañeros: prácticamente ya habían llegado todos. Aunque en el aeropuerto de Moscú nadie hablaba inglés y no parecían tener mucha paciencia, nuestros organizadores se expresaban en un inglés perfecto y no podían ser más atentos. Los 15 días que estuvimos allí trasnochamos un poco y nunca nos dejaron solos: siempre había un organizador ruso con nosotros y cada vez que alguien tenía que ir al albergue, aunque estuviésemos al lado, nos acompañaba uno de ellos. Nos explicaron que eso no era Europa y que había que tener cuidado. No vimos ninguna situación de peligro, aunque lo cierto es que el idioma es una barrera importante porque la mayoría de la gente en Rusia solo habla ruso y no puedes explicarte si te metes en un lío sin conocer el idioma. 

 




            Por las mañanas íbamos a clase de ruso y estábamos divididos en dos grupos: el grupo que partía de 0 y no sabía nada de ruso y el grupo de los que sabían algo. Después de acabar el nivel básico de ruso en la escuela de idiomas, yo entré a formar parte del segundo grupo. Sin embargo el nivel del grupo no era homogéneo, ya que mi nivel era claramente básico y había gente con un nivel intermedio que hablaba con fluidez e incluso entendía todo sin esfuerzo. Al principio fue duro porque nos hablaban en ruso todo el tiempo y solo en inglés para alguna duda muy concreta y aspectos que no habían quedado claros. Era un esfuerzo grande de tres horas diarias cada mañana, escuchando y hablando. Las clases estaban enfocadas a la expresión oral y raramente escribíamos o hacíamos ejercicios de gramática. Con el tiempo mi oído se iba acostumbrando y ya podía expresar con decencia alguna idea. De hecho me ha servido mucho para soltarme este año en el primer curso de intermedio en España y hablar sin tanto miedo. También me ayuda una amiga rusa con la que hablo a menudo por Skype y hacemos intercambio de español y ruso…





          Además de las clases de ruso, por las tardes teníamos multitud de talleres, juegos o visitas. ¡No parábamos!
Por ejemplo, tuvimos un taller de muñecas rusas, pero no de matrioskas, sino de unas muñecas de tela que diseñamos nosotros mismos con ayuda de nuestros organizadores y que eran típicas de la zona donde estábamos y con su historia particular, relacionada con la fertilidad.

            Otro ejemplo fue bailar la Kalinka, que por cierto no es nada fácil, y más para una persona con mi falta de ritmo. Dos bailarines nos enseñaron cómo hacerlo y nos dividimos en parejas de chico y chica. El baile es bastante rápido, pero la parte más difícil se la lleva el chico…





         También hicimos una interesante visita guiada a la ciudad. Cuando pienso en ese día, me acuerdo del calor que hacía. Por alguna extraña razón todo el mundo te habla del frío que vas a pasar en Rusia, cuando la realidad es que en verano hace bastante calor y estábamos con una temperatura por encima de los 35 grados. Fui con una cazadora vaquera que no tuve que utilizar ningún día: ni de noche ni de día. No hizo falta. Pensamos que era algo inusual, pero nuestros organizadores nos dijeron que era la temperatura normal en verano. También pensé que sería porque estábamos en la parte europea de Rusia, pero a la vuelta, en el albergue de Moscú, tuve la oportunidad de conocer a dos alemanes que habían hecho el recorrido del Transiberiano. Y al preguntarles por Siberia contaron que era muy barato en relación con Moscú, pero que también hacía calor y que el lago Baikal no estaba tan frío…Nunca lo hubiese pensado…







           Otra de las actividades que llevamos a cabo fue un taller sobre los estereotipos de Rusia y en él comentamos precisamente la idea que tenemos de que en Rusia siempre hace frío cuando no es así. Otro estereotipo es que hay osos en todas partes o que los rusos solo beben vodka, que tampoco es así, porque también beben mucha cerveza. Además, tuvimos la oportunidad de visitar la fábrica de cerveza de la Baltika y hacer una degustación de la que salimos todos bastante contentos…